El Mundial de Clubes

Agustín 17/12

Es hora de retomar el género epistolar, creo. Te escribo desde Bogotá, la que ya funciona como mi segunda casa en el planeta a pesar de que nunca he repetido alojamiento. Este año he llegado a territorio rolo en pleno mes de diciembre, coincidiendo con el retorno histórico de un equipo colombiano al Mundial de Clubes. Atlético Nacional volvió 27 años después -si la memoria no me falla- a Japón, esta vez para disputar un torneo con más participantes que la extinta Copa Intercontinental.

Me resultaba curiosa la idea de experimentar cómo se vivía este torneo aquí, donde está mucho más valorado que en Europa, pero ha durado poco la vaina porque el Kashima ha estado bastante más inspirado y ha impedido ese Nacional-Real Madrid con el que muchos paisas soñaban. El cuñado de mi compañera de vida es de Antioquia e hincha del verdolaga. El disgusto que se ha llevado es tremendo, más aún teniendo en cuenta que pensaba que en Japón no se jugaba al fútbol. Quiero pensar que es la misma sensación que muchos experimentaron cuando Corea del Sur eliminó a España del Mundial 2002, aunque aquella indignación no venía tanto por los exóticos surcoreanos como por el árbitro egipcio de turno.

Al ser de madrugada cuando se juegan los partidos del Mundial de Clubes uno ya sale a la calle sabiendo a qué atenerse, y tras el 0-3 del Kashima pocas camisetas verdolagas se vieron por Bogotá. Ese día conté dos y durante el resto de días tampoco recuerdo muchas más, mientras que ya he visto por aquí tres de la selección española -al loro, que no estamos tan mal, que diría Jan-. Claro, pensarás, estoy en Bogotá y no en Medellín, que es donde supuestamente se habrá vivido más la aventura japonesa, pero tampoco he visto excesivas camisetas de Millonarios; sí alguna de Santa Fe, que está jugando la final del campeonato colombiano con Tolima -es duro ver partidos de la Liga Águila-. También cabe destacar que este diciembre está siendo uno de los más fríos en Colombia en bastante tiempo y no está la cosa para camisetas de fútbol, esto no es Los Cristianos.

Te dejo por ahora, estimado Hernández Seppänen, que alguien llama a mi puerta pidiéndome explicaciones de por qué no juega James en el Real. Debo de tener cara de Zinédine.